Breve introducción al concepto de ego

Podemos hablar de ‘ego’ cuando nos referimos a esa parte de nosotros mismos que tiene que ver con nuestros miedos. Es una identidad que se ha ido formando desde que empezamos a aprender lo que “está bien” y lo que “está mal”. Pues estos conceptos, son necesarios para poder convivir en sociedad y cubrir una necesidad humana básica: la necesidad de pertenencia.

Formar parte de algo más grande que uno mismo, sea tu familia, tu grupo de amigos o la sociedad, será una necesidad siempre presente y no siempre cubierta.

Cuando hacemos algo mal, normalmente nuestro entorno nos lo comunica de alguna manera, puede que mis padres me echen la bronca, puede que reciba un castigo, puede que simplemente me expliquen que no está bien y yo, poco a poco, entienda las consecuencias: no ser aceptada, quedarme sola.

No ser aceptada por mi entorno se convierte en un peligro, pues el ser humano necesita de su comunidad para sobrevivir. No ser aceptada da miedo, estar sola en el mundo da miedo, y ese miedo va más allá de lo que mi mente pueda decir, pues tiene que ver con mi supervivencia.

El ego aparece cuando nuestra supervivencia se ve en peligro por no sentir a nuestra comunidad.

 

La búsqueda de lo correcto (el bucle magnífico)

Poco a poco vamos aprendiendo que en lo correcto está la seguridad de no sentirnos solos. Cuando hacemos las cosas bien, somos aceptados, si somos aceptados, no estamos en peligro, es decir, “todo va bien”.

Buscar lo que está bien o lo correcto, será nuestra forma de controlar y asegurar nuestra propia seguridad. Así que empezamos a sustituir algunos aspectos que tienen que ver con nuestra autenticidad (amor, humildad, confianza) por obtener la certeza de la seguridad: la aprobación social.

La búsqueda de lo bueno/correcto se convierte así en nuestro propósito de vida.

 

El rechazo (la realidad inminente)

Hay una realidad que este tipo de control del ego pasa por alto: el rechazo, las diferencias individuales y el respeto de estas.

Que vamos a ser rechazados es una realidad, pues en el mismo instante que aprendemos el bien/mal estamos conviviendo con ello.

¿Qué emociones se despiertan cuando haces algo “mal”?

  • Vergüenza, que se encargará de limitar nuestra conducta y nos invitará a escondernos.
  • Culpa, que necesitará ser acompañada de responsabilidad, tomar acción, pues sino hará que nos quedemos bloqueados ante la vida.
  • Decepción, ese golpe de realidad que tiene que ver con lo que esperábamos de la vida (expectativas).
  • Humillación, cuando sentimos un ataque en la forma que la vida nos devuelve lo que “hemos hecho mal”.

Y rápidamente estas emociones se asocian a lo “malo”, lo que me aleja de la aprobación, lo que me hace sentir soledad. Conclusión: vamos a evitar sentir todo esto, eso significará que “lo estoy haciendo bien”.

La trampa del ego es que querrá evitar aquello que realmente nos conduce en la vida: el malestar.

Si hemos aprendido gracias a sentir estas emociones, dejar de sentirlas tendrá una repercusión que nuestro ser no puede mantener: el aislamiento.

En el camino de evitar “hacer mal” para no sentirnos solos, encontraremos lo que estábamos evitando: soledad. Pues para no sentir que hacemos algo mal necesitaremos aislarnos del mundo.

¿Cómo funciona el ego?

En esa búsqueda de lo correcto para encontrar la aprobación de forma absolutamente segura, el ego nos distraerá de cualquier emoción que pueda significar que hemos “hecho mal”, pues eso significaría que somos rechazados.

El arma de doble filo del ego: la distracción.

Esta parte de nosotros intentará distraernos y utilizará a una fiel amiga experta en este campo: la mente. Pues la mente tiene la capacidad de crear, imaginar, planificar y solucionar problemas, así que será la aliada del ego en su cruzada.

 

Lo que está “mal”, tiene solución

Esta es la premisa que el ego utiliza para empezar a trazar un plan con su aliada. Si empezamos a sentir cualquiera de las emociones que se conectan con “hacer mal” (recuerdo que pueden ser: vergüenza, culpa, decepción, humillación, entre otras según la experiencia de cada persona y su aprendizaje de lo que está “mal”), se activarán las alarmas y nos pondremos en modo solucionador de problemas para no sentir, para no acercarnos al rechazo y el peligro de la soledad.

Formas de solucionar una emoción

Ninguna, las emociones no son un problema a solucionar, así que no hay formas en las que sentir pueda conllevar una solución, por eso a veces aparece lo que podemos llamar apego mental.

Pero aún así, mi mente utiliza todas sus habilidades para ponerse a ello:

  • Planificar cómo hacer “lo correcto”.
  • Imaginar una realidad diferente.
  • Crear escenarios posibles.

En definitiva: pensar, lo que nos puede llevar a bucles mentales, automachaque, vivir en la mente, desconexión de la realidad…

Puedes saber más sobre este tema en este artículo.

 

Sentencias del ego

Utilizar nuestra razón para no sentir, nos llevará a un lugar lleno de oscuridad: las justificaciones.

Una de las formas de “solucionar el hacer mal” será encontrar la razón (mente) por la que he “hecho mal“. Esta razón se puede encontrar en forma de justificaciones que pueden ir hacia afuera o hacia dentro.

 

Justificaciones hacia afuera

Buscar culpa en el exterior de forma pasiva: la vida es cruel conmigo, esto es una injusticia, a otras personas no les pasa lo que a mí

Buscar culpa en otras personas: me ha hecho sentir así, se ha comportado mal conmigo, yo no estaría así de no ser por él/ella…

[Si ahora mismo estás evaluando si haces esto, y has llegado a la conclusión de que sí, fíjate si te estás juzgando por hacerlo: “cuando hago eso lo estoy haciendo mal” (justificación hacia adentro), si sientes que no tengo razón o que lo que digo tiene muchos matices (justificación hacia afuera); y después de observar esto, recuerda que eso es una reacción automática de tu aprendizaje al sentir que haces algo mal, no hay nada “malo” en tu ego o en su forma de actuar y justificar, recuerda que precisamente esa valoración de bueno/malo es lo que hace que utilices tu ego para justificar y solucionar]

 

Justificaciones hacia adentro

Atacar directamente a tu ser: no soy suficiente, lo he estado haciendo mal todo este tiempo, soy mala persona, no sé hacerlo bien, me siento inferior a los demás…

Las justificaciones hacia adentro son las más potentes, pues ponen el foco en “arreglar” directamente lo que eres, y así se salta el paso de sentir cualquier emoción que me confirme que no soy aceptada, valorada, aprobada por alguien concreto o la sociedad (en general, sensación de no pertenecer al mundo).

 

Todos hacemos esto, en mayor o menor medida, a veces estas justificaciones guían nuestra vida y nos llevan a lugares muy oscuros, donde se han convertido en creencias que forman pilares de lo que creemos que somos.

 

Cuál es el camino

Sentir. Cuando somos capaces de sentir el rechazo, descubrimos que esta sensación no es permanente.

“¿Cómo? Si da un miedo horrible, cómo va a ser pasajero, es horrible”

¿Qué pasa con el resto de emociones que no te suponen un problema? Como la alegría, la relajación o tranquilidad, o cualquiera de esas emociones que te resultan cómodas, ¿luchas contra ellas? seguramente no, y ¿se quedan ahí para siempre? tampoco, fluyen con normalidad, pues ese es su trabajo, esa es su función.

Las emociones desagradables funcionan de la misma manera, vienen, se quedan un rato y se van. Cuando las vemos como un problema y entramos en estos bucles de “solucionarlas” es cuando se vuelven horribles.

Si llevamos mucho tiempo evitando sentir estas emociones que se relacionan con lo que “hemos hecho mal”, no será tan sencillo abrirnos a ellas, a veces es necesario que un/a profesional te acompañe y te guíe a hacerlo. Pero definitivamente no tienes un problema, no es algo que debas solucionar, no es algo malo en ti que necesite arreglarse. Simplemente es una forma de funcionar que ha sido (y es, todavía) necesaria, pero no siempre funcional.

Simplemente necesitamos abrir el abanico de posibilidades de movernos en el mundo.