Muchas personas sienten que “cambian” cuando están en una relación, en comparación a cuando estaban sin pareja. El proceso de empezar una relación es muy complejo y está difuminado por todo aquello que se despierta a nivel emocional en el contexto de la relación sentimental.

¿Qué diferencia hay cuando estamos solteros a cuando tenemos pareja?

La diferencia está en nuestra percepción de nuestras propias necesidades.

Cuando nos adentramos en una relación sentimental, comenzamos a abrirnos poco a poco. Podemos empezar teniendo muy claro qué queremos y no queremos de la relación, recordando todo lo que hemos vivido y no queremos repetir, recordando aquello que sí queremos conseguir. Cuando el enamoramiento va apareciendo (o simplemente aumenta la intensidad de cariño), empezamos a compartir partes de nosotros y de nuestra vida con esa persona, se va formando un futuro cercano que la incluye, incluso algunos aspectos aparecen como solo nuestros, como una serie, un viaje o un lugar concreto.

En este transcurso, no es que cambiemos nosotros, sino que poco a poco empezamos a cambiar la percepción de nuestro entorno. Encontrar el equilibrio aquí se vuelve un desafío, pero no es imposible. Es necesario tener en cuenta que llevamos una historia detrás que es solo nuestra, vivida en un entorno en el que nuestra actual pareja no estaba, y precisamente esa historia es la que nos va a diferenciar de esta persona. Puede ser fuente de conflicto o de anclaje a uno mismo.

¿Qué pasa entonces con la percepción de nuestras necesidades?

En este proceso de apertura, de compartir momentos, aspectos y bienes materiales, ese cambio en la percepción del entorno puede cegarnos un poco en lo que le corresponde a cada uno, y lo que le corresponde en sí a la pareja.

Algunas de nuestras necesidades pasan a ser responsabilidad de la otra persona sin que seamos conscientes de ello. Por lo tanto, las transformamos en expectativas que mi pareja debe cumplir y de no ser el caso, puedo interpretar que la relación está fallando. Cuando tenemos estas expectativas que no se cumplen, nuestro impulso es exigir a la otra persona que se haga cargo de ese malestar, cuando en este caso, el malestar que se despierta es responsabilidad de uno mismo.

Tendemos a confundir necesidades propias con necesidades de la relación.

Esto es porque el malestar se interpreta hacia la otra persona, cuando en el fondo es un malestar que tiene que ver conmigo y con mi historia de la que mi pareja no formaba parte.

Lo cierto es que en una relación abrimos nuestras vulnerabilidades y (a veces, sin querer) las dejamos totalmente al descubierto. Esto no es malo ni negativo, de hecho, conocer y observar nuestras vulnerabilidades (aunque duelan) siempre nos va a ayudar.

Para poder diferenciar entre necesidades propias y necesidades de mi relación, es importante conocer nuestras vulnerabilidades, cómo se despiertan en mi relación (quizá difieren a cómo se despiertan cuando no tengo pareja) y aprender a comunicar desde la compasión y el apoyo, en lugar de hacerlo desde la exigencia y el reclamo.

Una pareja es un equipo que comparte su vida. Esto quiere decir que, aunque la vulnerabilidad o la necesidad sea responsabilidad propia y no de la relación, la pareja puede ser un apoyo y un puente para sanar, si se hace desde la comprensión y con la distancia adecuada (no responsabilizarse ni sentirse culpable por los sentimientos o procesos de la otra).

Lo más importante es saber que cuando aprendemos a detectar y asumir necesidades y vulnerabilidades sin dejarlas “a cargo de” mi pareja, todo tiene mucho más sentido para nuestro bienestar y el de nuestra relación.

Necesidades sin pareja

Cuando estamos sin pareja, podemos asumir nuestras necesidades como responsabilidad nuestra con mayor facilidad, ya que no estamos en esa posición de apertura sentimental que conlleva una relación. Este es el mejor momento para reflexionar sobre esas necesidades: cómo se manifiestan, cómo las puedo atender y cubrir, si me generan o no malestar y de dónde viene el mismo.

Cuando tenemos este trabajo hecho y además, tenemos la suerte de poder reflexionar también sobre cómo viví mis necesidades y vulnerabilidades en relaciones pasadas, el camino es mucho más llevadero (que no más fácil).

La realidad es que somos seres pasionales, fácilmente nos dejamos guiar por las reacciones que aparecen cuando sentimos algo de forma intensa. No se trata de evitar que esto sea así, sino de aprender que hay mucho más aparte de dejarse llevar por la intensidad emocional. Aprender este proceso puede resultar más fácil cuando nuestras vulnerabilidades están con nosotros y no se comparten con otra persona (no estoy hablando de ocultarlas a la pareja, sino de que esta situación no se de porque no hay pareja).

Como bien he dicho, este proceso se puede hacer en pareja, simplemente siendo consciente de que estamos compartiendo partes de nosotros que pueden confundir o complicar nuestra percepción.

 

Necesidades propias en una relación

Las necesidades de afecto y atención me parecen las más difíciles de gestionar en una relación. Las necesidades siempre varían de una persona a otra, pero cuando estas dos aparecen, es muy posible que pensemos que la otra persona debe cubrirlas, sin darnos cuenta de que esto no va a suceder, a no ser que despertemos y nos hagamos cargo de ellas.

Necesidad de afecto: Es un aspecto aprendido, y lo único que podemos hacer con él en el presente es ser conscientes y consecuentes de en qué punto estamos sobre esta necesidad.

Variará en cada persona (más/menos necesidad, más/menos exigencia de la misma) según cómo nos hayamos relacionado con el afecto en nuestra infancia (para profundizar, investigar sobre Teoría del Apego de Bowlby).

¿Suelo sentir en mis relaciones que el afecto que recibo nunca es suficiente?

¿Suelo tener expectativas sobre el afecto de mi pareja que pocas veces se cumplen?

¿Suelo sentir inseguridad al no saber sobre mi pareja?

¿Suelo dudar del afecto de mi pareja si no estoy o no sé de ella?

 

Si la respuesta a la mayoría de estas preguntas es sí, debemos ser conscientes de que nuestra necesidad de afecto es una vulnerabilidad para nosotros (esto no es malo, simplemente es así por cómo lo hemos aprendido). Esto significa que cuando sintamos rechazo, miedo al abandono de forma intensa, falta de afecto o inseguridad hacia los sentimientos de nuestra pareja, es muy probable que sea fruto de este aprendizaje, y no de la realidad sobre nuestra relación.

Esto quiere decir que, en estas situaciones, tendremos que gestionar la emoción y los pensamientos que surgen como fruto de nuestra realidad, antes de plasmarlos o comunicarlos a la otra persona. De esta forma nos hacemos responsables de nuestra vulnerabilidad, sin ponerla en manos del otro, ya que no le corresponde y poco puede hacer para que no nos sintamos así.

Necesidad de atención: suele ser fruto de la inseguridad que nos genera el afecto.

La atención es una conducta que nos confirma el afecto de la otra persona. Si tenemos problemas con la necesidad de afecto, seguramente se desaten pensamientos y emociones desagradables al no recibir atención.

El procedimiento es similar a la necesidad anterior: valorar que mi realidad está llena de inseguridad y miedo al sentir la necesidad de afecto no cubierta. Observar las reacciones que se desencadenan como fruto de nuestra vulnerabilidad aprendida, y no como un fallo en nuestra relación. Atender nuestras necesidades con cariño, recordando aquellas veces que nos hemos sentido igual, detectando todo el sufrimiento acumulado y acompañándonos en él, comprendiendo nuestra historia y nuestra realidad en este aspecto. Gestionar este dolor por ti mismo antes de comunicarlo o plasmarlo en la relación, asumiendo la responsabilidad de nuestras necesidades.

Es muy importante hacer este proceso por ti mismo. Pero eso no significa que la otra persona no deba saberlo. Puede conocer la situación (de hecho, es recomendable que así sea), sabiendo que tú vas a ser responsable de esas necesidades y las emociones que se disparan, y que lo único que necesitas de él/ella es apoyo y comprensión.